Anarocio Sanchez

El océano Pacífico, un mundo nuevo

Había una vez un hombre tan ambicioso que decidió emprender una expedición con el propósito de abrir una nueva ruta comercial. Dicha ruta conectaría los territorios de la Corona española con la isla de las Especias a través de los aún inexplorados océano Atlántico y océano Pacífico, siempre siguiendo las conocidas tierras de occidente y explorando nuevas tierras que poder añadir a la corona.

Corría el año 1519 cuando su majestad, Carlos I de España, se encontraba paseando por los enormes jardines de palacio en un profundo diálogo con el portugués Fernando de Magallanes sobre los beneficios que supondría llegar a la llamada isla de las Especias, en tierras indonesias. A fin de cuentas, la corona hispánica era de los reinos más fuertes del momento, sus acciones comerciales eran conocidas por todo el mundo y raro era el sitio al que su lengua aún no había llegado. Pero a Indonesia no. Jamás una expedición castellana había surcado las feroces aguas de los océanos de occidente, y nunca nadie se había atrevido a recorrer el mundo desconocido bordeando todos los puertos. 

Su majestad, Carlos I de España. 

Tuvieron así la idea su majestad y su aliado: emprenderían una aventura marítima, financiada por la propia Corona, desde el territorio español hasta las forasteras Islas Molucas para abrir su nueva ruta comercial y obtener así las tan deseadas especias que albergaban estos territorios. Comenzó a preparar el viaje y designó a un capitán que se encargaría de liderar las naves: el propio Fernando de Magallanes.  

Fernando de Magallanes, capitán de la expedición. 


Todo estaba listo. El 20 de septiembre de 1519 una expedición formada por cinco naves partía desde el puerto de Sevilla dirección Sanlúcar de Barrameda para poner rumbo por el mar Mediterráneo. 239 personas que se embarcaban en esta aventura, hombres con ambición, con ganas de aprender, navegar, de negociar... y formaron así la Trinidad, capitana de la expedición, la San Antonio, la Santiago y la Victoria. Una última nave, la Concepción, sería la que completaría esta flota. 

RTVE, la flota de Magallanes parte de Sanlúcar. 

Los barcos emprendieron su viaje. Aprovechando el viento que les llevaría hasta el sur, llegaron a lugares tales como las Islas Canarias, Cabo Verde y bordearon la costa de Guinea. Para el frío mes de diciembre habían pasado el Ecuador, pero las condiciones empezaban a ser desfavorables, la gente tenía hambre, hacía frío, necesitaban beber agua. 

Pero, de pronto, un rayito de luz les iluminó la tan esperada isla de Santa Lucía. Arribaron y se surtieron de todo tipo de bienes: cogieron carne, frutas exóticas, patatas. Incluso les regalaron tradicionales juegos de mesa para hacer más ameno su viaje. Una vez listos, los marineros retomaron su camino y pusieron rumbo hacía el Río de la Plata con la más firme esperanza de encontrar una salida que les llevara al tan ansiado Mar del Sur, también conocido como el océano Pacífico. 

Llegó la Navidad, llegaron las celebraciones, el nuevo año y con él esperanzas de surcar pronto las calmadas aguas del océano. Sin embargo, navegaron meses y meses sin encontrar una pista que les condujera al famoso lugar. Como era de esperar, los contratiempos eran cada vez más. En marzo de 1520 el barco Santiago sufre un motín liderado por el portugués Juan de Cartagena, a lo que el capitán, Fernando de Magallanes, responde abandonándolo a su suerte en la Patagonia. 

En octubre del mismo año, los navegantes descubren la existencia de una posible vía de acceso a tan deseadas aguas, al famoso Mar del Sur, y se ponen en marcha. Tuvieron que lamentar la pérdida de dos de las naves, entre ellos la de San Antonio, que regresó a España recogiendo a Juan de Cartagena de su destierro - con ello, la corona española contaba así con relaciones firmes en la Patagonia y podrían más tarde ampliar su ruta comercial -. Y, de pronto, cuando parecía que ya no podían  pasar el llamado Canal de las Mil Vírgenes, lo hicieron. Tan complicado era conseguir aquella hazaña, tan héroe sería aquél que por allí navegara, que el canal pasaría a llevar su nombre. Por lo que se puede decir que habían logrado pasar el nuevo Estrecho de Magallanes. 

Ahí estaban, llorando de alegría al darse cuenta de que habían entrado, por fin, en el océano Pacífico. 

La primera vuelta al mundo, rutaelcano.com

                   El océano Pacífico

Supongo que ellos lo que esperaban encontrar era un mar tranquilo que les condujera hacia Oceanía (sin ser plenamente conscientes de que era a esta zona a la que iban a llegar), y así fue. Entraron en aguas claras, calmas y vientos favorables previendo un viaje que no duraría más de dos semanas. Tres, como mucho. Así lo habían calculado en sus mapas, por lo que el hacer frente a todos los males que se les presentaban no era tan complicado como lo habría sido en su ruta meses atrás. Pobres de ellos... 

Tal era el tamaño que tenía el océano Pacífico que se podría equivaler al tamaño de todas las tierras juntas conocidas hasta aquella fecha. Para que se entienda, el Mar del Sur era tan enorme que el viaje que ellos calcularon para dos semanas se convirtió en una travesía de más de cuatro meses. Y es que, sin saberlo, estaban haciendo frente a un océano con una superficie de unos 155. 557. 000 km cuadrados y un volumen de casi 714 839 310 km cúbicos de agua. Eso por no hablar de la gran profundidad de sus aguas, y de los horrores que alberga en el fondo. 

Afirmar que los marineros de la tripulación de la expedición de Magallanes atravesaron con tan mínimos recursos el océano Pacífico es básicamente afirmar que esquivaron la muerte. De hecho, estaban tan convencidos de que el Mar del Sur era el más tranquilo de los mares que habían atravesado que llegaron a bautizarlo con el nombre "Pacífico" porque no daba guerras ningunas. Sin embargo, tuvieron que afrontar otras muchas adversidades. Al no contar con las dimensiones reales, los suministros no fueron suficientes. Los marineros tenían sed, morían de hambre, el escorbuto había tomado el barco.

El escorbuto según los expedientes de la época

Y es que, ellos sabían que se trataba de un mar propiedad de la corona española, pero también sabía que se trataba de territorio desconocido. Ni siquiera tenían idea  de que el océano Pacífico alberga la cuenca oceánica más antigua de todas. Tampoco eran conscientes de que aparentemente sus profundidades eran tranquilas, pero la realidad es que el fondo marino de las aguas del Mar del Sur alberga unas rocas llamada "guyots". Estas rocas son una especie de columnas con la cima plana que sobresalen desde la superficie desde el fondo. Son formaciones en el centro del océano, lo que se podría decir que los navegantes esquivaron al tomar la ruta hacia el oeste por el norte y no por el sur.    

Los marineros estaban cansados, navegaban a la deriva a su suerte aprovechando el poco viento que les entraba del sur. Llegaban a islotes sin recursos en el medio del mar, algunas otras islas tan remotas que ni en los mapas aparecían. Seguían su camino en busca de las islas Marianas, la tan deseada tierra después de meses de agua. El hambre tomó un papel importante en la expedición, los tripulantes se comían las ratas que había en los barcos, se pegaban por un trozo de pescado. Incluso llegaron a comerse las telas de las velas, hechas con pieles de vaca - tan extrema era la situación que surgieron negocios dentro del propio barco para llevarse un trozo de cuero que comer a la boca -. 

De alguna manera esa se convirtió en la mayor de sus preocupaciones, y optaron por tomar la vía más corta para pisar cuanto antes tierra firme. De esa manera, una vez entrados en el continente americano, decidieron atravesar las costas en lugar de bordearlas. Y menos mal. Tenemos entonces tres barcos de madera débilmente resistente que dejaron de lado el Pacífico Sur rumbo a las islas Filipinas por el Pacífico Norte. 

Rojo- ruta seguida; Morado - ruta posible; Azul - 40 rugientes.

De esta manera, la expedición tomó la ruta en rojo en lugar de tomar la ruta que se muestra en morado en esta imagen. Así, sin ser conscientes de ello, esquivaron los fuertes vientos de los llamados Cuarenta Rugientes, una zona situada entre los 40 y los 50º de latitud entre los océanos Antártico y Pacífico. 

Los Cuarenta Rugientes, la zona marina más peligrosa jamás conocida. Un paseo entre Sudáfrica e Indonesia con vientos tan tan fuertes que aúllan, tales son los vendavales que los piratas que se han atrevido a surcar sus aguas afirman que el mar ruge, llora. Se trata de una masa de aire caliente que sube dirección a los polos terrestres, pero al pasar por zonas heladas se produce un efecto natural que trata de adaptar ambas temperaturas (entre la zona del Ecuador, también llamada Pacífico Sur, y los polos). Se podría explicar, para que lo entendamos, como que el aire desciende de los polos a unos 30 grados, pero al existir un movimiento de rotación terrestre es redirigida causando unos vientos fortísimos de unos cuarenta grados aproximadamente. Es este efecto el que causa la llamada zona de los Rugientes Cuarenta. 

No solo fueron estos fuertes vientos lo que esquivaron nuestros marineros, sino también el fuerte oleaje que se forma debido a la magnitud de estos vendavales y las terribles corrientes marinas que se generan en esas zonas del océano. Aunque, otra de las rutas alternativas al bordear Sudamérica hubiera sido igualmente fatal para los protagonistas de nuestra historia, pues en la cuenca del Pacífico habitan las peores zonas rocosas y volcánicas de la esfera terrestre. El llamado Cinturón de Fuego del océano Pacífico. 

Cinturón de Fuego del Pacífico a vista de Google Maps. 
Recuperación de Youtube Cinturón de Fuego del Pacífico

Esta ruta concentraría una fuerte actividad sísmica y volcánica dado que se trata de una de las zonas con mayor subducción del planeta, siendo la más importantes del mundo dada su peligrosidad. Sobre todo se vería afectado el continente americano, las islas Aleutianas y genera un anillo bajando por el continente asiático hasta Nueva Zelanda. Esto se debe a que el Pacífico se formó sobre una serie de placas tectónicas que están constantemente en fricción, lo que da lugar a que se genere mucha tensión que al ser liberada genera fuertes terremotos en los países del anillo o cinturón. 

Cabe también destacar que se trata de una zona con una gran actividad sísmica provocada por los volcanes que entran continuamente en erupción. De hecho, la mayoría de los súpervolcanes que hay en nuestro planeta son propiedad de las aguas del Mar del Sur. 

Por este motivo fue que nuestros valientes marineros esquivaron la muerte. Porque de haber tenido que afrontar los fuertes vientos o los maremotos del anillo los barcos habrían acabado hechos trizas en el fondo del mar. Barcos de madera difícilmente resistentes a las furiosas aguas del Mar del Sur que salvaron su vida gracias al hambre y las terribles enfermedades que azotaron a la expedición. 

Por fortuna, las naves pisaron tierra firme y llegaron a la isla de las Especias surtiéndose de tantos suministros como necesitaron. Tomaron canela, jengibre, nuez moscada y clavo entre otras muchas cosas. Las provisiones suficientes como para hacer frente a otra travesía de tres meses por el océano Índico. Lamentablemente, tuvieron que hacer frente a muchas otras adversidades, como la muerte del capitán Magallanes, teniendo que hacerse cargo su segundo de a bordo, Juan Sebastián Elcano. 

Elcano, capitán de la expedición tras la muerte de Magallanes. 


Finalmente, y tras la pérdida de otros dos barcos y más de 200 tripulantes a causa del hambre y las enfermedades que cruelmente arrasaron con nuestros héroes, 18 hombres pisaron territorio español el 6 de septiembre de 1522. La nave Victoria desembarcaba en Sanlúcar de Barrameda tras tres duros años de navegación, cuatro naves perdidas, numerosos muertos y nuevas tierras conocidas. El 8 de septiembre, dos días después, los supervivientes llegan a Sevilla y son reconocidos honoríficos por su majestad Carlos I de España, siendo reconocido Juan Sebastián Elcano como hidalgo de la corte real y siendo galardonado por el Escudo de Armas.

Y así fue como la corona española consiguió, hace quinientos años, dar la vuelta al mundo por vía marítima y superar las adversidades que la naturaleza les puso en el camino. Y colorín colorado...